sábado, 22 de octubre de 2011

Capítulo 1

- Bah, siempre durmiendo. A este paso, las van a echar del ejército en menos que se dice sueño.

Una joven guerrera se quejaba de sus dos compañeras, que estaban durmiendo, como solían hacer siempre. Se llamaba Yuriko, y junto a sus dos compañeras, Mayka y Jakelín, trabajaban de mercenarias para el castillo de Cydonia, lugar donde vivían. Yuriko tenía el pelo largo y oscuro, era la que hacía el papel de jefa de las tres. Siempre tenía que salvar el pellejo de las otras dos, y hacer de hermana mayor, siendo la mediana.

Yuriko estaba sentada en un sillón de la habitación del castillo donde dormían Mayka y Jakelín. Ellas estaban durmiendo, como solían hacer siempre, cosa que acababa poniendo de los nervios a la jefa. Solía decir que pasaban más tiempo durmiendo que currando. Estaba empezando a hartarse, había recibido una orden de audiencia con el Rey y las otras dos no despertaban. Cogió el objeto más cercano que encontró, que resultó ser un servilletero de mimbre, y lo arrojó a la cabeza de Jakelín, que dormía plácidamente.

- ¡QUE DESPIERTES, JODER! –exclamó Yuriko cabreada.

Jakelín se despertó y lentamente abrió los ojos. La jefa del grupo se estaba empezando a cabrear. Jakelín tenía el pelo corto, color castaño. Era la más alta de las tres.

- ¡Siempre durmiendo, siempre durmiendo! ¡Levantad ya, hostias! ¡El Rey nos ha llamado!

- Qué plasta. –respondió Jakelín bostezando-. Ahora estábamos atendiendo al sueño, así que el Rey que se espere, ya le llegará el turno.

- Sí, ahora vas y le dices al Rey: “Oye tío, estábamos atendiendo al sueño, ahora es tu turno y te atendemos a ti, qué quieres.”

- Yuri, tía, tú no conoces el sentido figurado, o eso me parece. Bueno, ¿nos ha llamado el Rey? Es que si me has despertado para nada me vuelvo a sobar, y hasta luego.

- Sí, nos llamó, dijo que tenía que pedirnos algo. ¡Mayka!

Al oír el grito de Yuriko, la más joven despertó y se incorporó con cierta desgana. Mayka era una chica hiperactiva, pero muy vaga a la vez. Tenía el pelo verde a media melena, y normalmente hacía tonterías y bromas con Jakelín, lo que acababa provocando que Yuriko les echase la bronca. Pero estaban ya acostumbradas. Al fin y al cabo, iban siempre las tres juntas, y tenían mucha confianza entre ellas.

- ¿Qué pasa, jefa? –preguntó Mayka al despertar.

- El Rey nos está esperando, y no debemos hacerle esperar. –contestó tranquilamente Yuriko.

- Pues se va a joder y se va a esperar hasta que le llegue el turno de que le atendamos. –dijo Jakelín, riéndose.

Mayka dejó escapar una suave risa.

- Sí, May, es que ahora esta quiere ir al Rey y decirle que somos más importantes que él y que se tiene que esperar.

- Bueno, ¿vamos? –dijo Mayka entre risas, preparada para la acción.
Yuriko asintió con la cabeza, y echó a andar hacia la Sala del Trono. Las otras dos la siguieron, preparadas para aceptar una nueva misión. En eso consistía su trabajo. El Rey les encargaba misiones y a cambio las alimentaba y las dejaba estar en el Castillo. Tenía una gran confianza en las tres, rara vez le fallaban. Las recibió con una amplia sonrisa cuando llegaron a la Sala del Trono.

- A sus órdenes, Su Majestad. –dijo Yuriko al entrar a la sala.

- Veréis, chicas. Hay una tarea que me gustaría encargaros.

- ¡Claro! ¿A quién hay que despedazar? –preguntó enérgicamente Mayka.

- Ja ja ja, tú como siempre. Veréis, hay una cuadrilla de bandidos que han asaltado las Minas que hay al sur de Cydonia. Y allí tenemos de los tesoros más preciados de la ciudad, ¿sabéis?

Cydonia era famosa por su amplia gama de minerales. Se solían usar mucho para venderlos, y era la mayor fuente económica de la ciudad. Tenían muy protegidas las minas, pero parece ser que aquella vez cayó la protección. Yuriko aceptó inmediatamente la misión de apresar a los bandidos.

- No le fallaremos, Majestad.

Las tres tomaron la puerta y salieron del Castillo. Aunque un tipo corpulento les cortó el paso en los jardines, para su sorpresa.

- ¿Puedo unirme a vosotras? –dijo sin más.

- ¡SEGURO QUE ERES UN APRENDIZ! –dijo Mayka desafiante.

Yuriko avanzó un paso, con decisión.

- ¿Quién eres?

- Me llamo Mantis, y soy un mercenario que busca grupo de combate. Quiero volverme más fuerte.

- ¡NO! –exclamó Mayka.

- ¡Parece grande, necesitamos un tanque que acompañe a May en el frente! –dijo desde detrás Jakelín.

- Callaos las dos. Mantis, te probaremos.

- Acepto el reto. –dijo Mantis sonriendo.

Yuriko quiso ser la primera en probar. La especialidad de Yuriko era la magia negra. En la batalla, solía estar atacando desde atrás, ya que no se le daba nada bien el cuerpo a cuerpo. Avanzó un paso, e indicó a Mayka y Jakelín que retrocediesen. Un aura roja iluminó a Yuriko.

- Suerte.

- Igualmente.

Yuriko comenzó disparando una bola de fuego en dirección a Mantis. Éste no se mostró sorprendido, y reaccionó con agilidad, extendiendo la mano para hacer aparecer un escudo cristalino, que absorbió la bola sin ninguna dificultad. Mantis se quedó inmóvil, sin hacer ningún movimiento.

- Propio de un tanque. –dijo Jakelín desde atrás, susurrándole a Mayka.

- ¡VAMOS, YURIKO! –gritó Mayka.

Yuriko canalizó energía durante un corto período de tiempo, y la liberó en forma de cristales de hielo. Mantis, de nuevo, alzó su escudo, que pudo absorber gran parte de los cristales de hielo, aunque se le clavó uno en la frente. Yuriko aprovechó este momento para lanzar una segunda bola de fuego en dirección a la frente de Mantis, y acto seguido se teletransportó tras él y lanzó una tercera bola de fuego.

- Lista… -dijo Mantis.

El escudo de Mantis se redujo de tamaño. Pudo bloquear la bola de fuego que venía desde adelante. Pero, para sorpresa de todos, otro escudo del mismo tamaño apareció tras él, absorbiendo la bola de fuego que Yuriko había disparado desde atrás.
Yuriko, sorprendida de la habilidad del joven, decidió ir más en serio, y lanzó un conjuro especial, que la volvía invisible. Mantis no sabía desde dónde iba a atacar. Yuriko daba vueltas alrededor, buscando posicionarse bien para su ataque. Mantis, siguió sin moverse del sitio, y colocó el escudo que le cubría las espaldas junto al otro escudo, quedando totalmente cubierto por el frente. Yuriko encontró una posición entonces detrás de él, y comenzó a canalizar energía para disparar una gran bola de fuego, con la que esperaba destruir a Mantis.

- Algo tan predecible como un ataque por la espalda… -dijo Mantis.

Mantis se dio la vuelta rápidamente, juntó los escudos que tenía y apuntó con ellos al lugar donde estaba Yuriko canalizando.

- Escudo Doble.

Las magias de Yuriko que habían sido absorbidas por el escudo se liberaron de él en forma de rayo luminoso, que alcanzaron a Yuriko, revelando su invisibilidad y derribándola. Yuriko, sorprendida, se levantó, y sonrió a Mantis.

- Buen duelo. Por mí, estás admitido.

- ¡Ya tenemos tanque! –dijo Jakelín.

Pero Mayka no parecía estar muy de acuerdo.

- Lo siento, pero yo también lo probaré. –dijo esta.

- Somos dos contra una, May. Mantis es de los nuestros.

- No pasa nada, acepto el reto. –cortó Mantis.

Mayka imitó lo que Yuriko hizo anteriormente. Avanzó un paso, y indicó retroceder a las demás. Mayka era la más joven, pero la más poderosa de las tres. Era la única que estaba en el frente en todas las batallas. Peleaba con cualquier arma de cuerpo a cuerpo, o incluso sin armas, era la más hábil. Yuriko y Jakelín siempre le cubrían las espaldas.

Mayka se acercó a Mantis, sonriendo, le dedicó una mirada amenazadora y ambos se estrecharon la mano, deseándose suerte para el duelo.

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